Este texto fue publicado en mi anterior blog en un momento delicado. Es uno de esos pocos textos que tras leerlo tiempo después sigue llenándote como el día en que lo escribistes, aportándote aún más que entonces y descubriendo cosas que no sabías de tí mismo. Lo reproduzco de nuevo con la intención de no perderlo en el tiempo."Es posible que en breve pierda una de las cosas más importantes de mi vida. Seguramente. Y que con ella pierda lo poco que me unía a esa etapa de la vida que sólo recuerdas ya con nostalgia. Esa etapa que, aunque plagada de tristezas y amarguras, como todas, fue diferente. Especial. Dentro de poco voy a peder una parte muy importante de mi pasado. De mí. Y creo que esa pérdida pondrá el punto y final a una etapa. Hace tiempo tenía que haberlo puesto yo.
El fin de semana pasado amanecí agarrado a esa fría barandilla. Abrí los ojos para contemplar, tal vez por última vez, ese mar que me ha acompañado desde que nací. Esas olas que han marcado los ciclos de mi vida. Con su lento vaivén. Abrí los ojos otra vez buscando un lugar donde aferrarme. Para no soltarme jamás. Para no perder esa parte de mi que fue más que yo mismo.
El fin de semana pasado volví a mirarme en ese espejo que siempre me ha mostrado como soy. Y seguía viéndome allí, pasando todas las horas de una infancia que ya acabó. Sentado en la arena en la que marqué las primeras huellas de un camino largo y complicado.
El fin de semana pasado volví a salir a ese balcón que tantas horas me ha sostenido. Volvía sentarme en esas incómodas sillas de mimbre a contemplar una vez más la belleza del mar. Mi mar. Nos miramos, como siempre. Y nos despedimos sin palabras. Se que lloró, pues sus lágrimas bañaron la orilla una vez más."
